jueves, 31 de diciembre de 2009

Te quiero


Daniladiav




Estoy llena de amor.
Sin dolor, sin remordimiento, sin peros.
Sin cortapisas, sin sombras, sin ambages.
Sin ataduras, sin necesidad, sin envolturas.
Sin subterfugios, sin excusas ni equipaje
estoy llena de amor.

De día, de noche, dormida y despierta.
Desnuda, vestida, tal como estoy.
Con orgullo y humildad, tal como soy.
Con toda la intención, con premeditación,
con atolondramiento, con premura.
Despacito, también.

Te quiero. Te quiero. Te quiero.
Estoy llena de amor.

Tanto que pierdo la vergüenza.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Huérfana.





















Huérfana en el alma. Mañana veré a mi madre, a mi hermana, a mis hijas... Y me siento huérfana en esta Navidad extraña.
Más huérfana de lo habitual.
Y mi lugar está junto a los huérfanos del alma, los auténticos parias de la Tierra.
Comparto con ellos mi soledad, y de dos soledades hacemos una compañía.
No es ya un lamento. Es una constatación. Por eso no es necesaria la conmiseración, porque es un mal crónico, que tengo comprobado que no mata. Sólo duele cuando llueve, cuando llueve también en el corazón.

lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Feliz Navidad?


Cuando eres niño, en este supuesto primer mundo, te gusta la Navidad. Hay luces y música pegadiza por las calles, en el colegio se hace una fiesta especial antes de darte vacaciones, en casa se sale de la rutina y se junta mucha gente para comer cosas ricas, se pone un árbol de navidad y siempre queda alguna abuela que tiene la paciencia de montar un belén lleno de estampas bucólicas que no te cansas de mirar.

Ya en la adolescencia la cosa cambia. Los parientes son un peñazo, si la adolescencia te ha dado en plan "existencialista" te entra la "náusea de Sartre" ante tanto gesto inútil porque, en la inmensa mayoría de los casos, reniegas de los orígenes cristianos de las fiestas, si es que alguna vez te los explicaron, y sólo quedan las vacaciones y los regalos como punto a favor de todo este embrollo.

Al llegar a la edad adulta hay tantas maneras de encarar la Navidad como personas, porque cada uno de nosotros ha vivido lo suficiente como para tomar posiciones al respecto.
Si eres joven y tienes pareja te gusta pasarla con ella, saltando de casa en casa, donde cocinan las mamás, tías y abuelas. Luego quedas con los amigos y santas pascuas.
Si tienes niños tienes mucho trabajo, pero ves la ilusión que les hace y piensas que vale la pena.
Cuando eres más mayor lo que te gusta es juntar a los polluelos como una gallina clueca y darles lo mejor, aunque los polluelos sean ya talluditos.

Pero hay otras navidades. Las que pasan aquellos que se sienten solos, la de los que no tienen ni para grandes comilonas ni para regalos grandes, la de los que tienen enfermos en el hospital o acaban de perder un familiar, la de los que duermen en una caja de cartón en los soportales de una plaza... Y podría seguir.

Si tienes fe sabes que, al final, Navidad es cada día y no es necesaria tanta parafernalia, pero si no la tienes todo te parece postizo y absurdo.

En mi caso, este año pintan bastos, menos en la esfera más íntima, la que poblamos mi pareja y yo. Pero es difícil no salir de esa burbuja. La pasaremos lo mejor que podamos.

Pero me niego a renegar de ella.

A todos los que me leáis os deseo momentos de felicidad en estas fiestas.
Cuidaos, no cojáis ningún empacho y vigilad en la carretera.
Buscad el sentido de la Navidad.
Lo tiene.

jueves, 10 de diciembre de 2009

48 razones por las que dar gracias



















1. Porque costó, pero nací fuerte y tozuda
2. Porque siempre tuve techo y un plato de comida
3. Porque nada fue fácil en mi niñez, pero aprendí a soñar
4. Porque cada libro que leí me enseñó alguna cosa
5. Porque llevo cicatrices, pero no me he roto
6. Porque sé cómo huelen los bebés
7. Porque si me duelen las manos es porque las tengo
8. Porque mis piernas me han llevado allá donde he querido
9. Porque mis ojos siguen estando alerta
10. Porque no perdí la curiosidad
11. Porque cuando me hundo tomo impulso y emerjo
12. Porque he besado mucho
13. Porque el sexo con amor es hermoso y lo disfruto
14. Porque tengo planes
15. Porque nada es fácil y así lo valoro todo más
16. Porque he sido valiente en el momento preciso
17. Porque me equivoco pero aprendí a pedir perdón
18. Porque sé que puedo mejorar
19. Porque soy patosa, pero mañosa
20. Porque sé leer y escribir
21. Porque tengo algunos buenos amigos
22. Porque soy madre
23. Porque puedo disfrutar de la música
24. Porque no estoy sola en la vida
25. Porque puedo disfrutar de momentos en soledad
26. Porque, aunque cueste, perdonar me deja buen sabor de boca
27. Porque la vida me ha dado varias segundas oportunidades
28. Porque no me olvidé de reír
29. Porque llorar ayuda
30. Por el primer café de todas las mañanas, pequeño lujo
31. Porque existe el teléfono
32. Porque es bonito recibir cartas
33. Porque recibo ayuda cuando lo necesito
34. Porque puedo ayudar cuando es necesario
35. Porque madre no hay más que una, gracias a Dios
36. Porque conocí a mi padre
37. Porque soy una superviviente de la vida
38. Porque me despierto al lado de mi amor cada mañana
39. Porque no soy famosa
40. Porque me dicen que me quieren cada día
41. Porque yo siento mucho amor por quien me lo dice
42. Porque cuando enfermo puedo ir al médico
43. Porque cuando tengo sed puedo beber agua potable
44. Porque puedo decir lo que pienso sin temor
45. Porque sólo me matará la muerte, pero no la tristeza
46. Porque puedo sentir orgullo y respeto por mi compañera
47. Porque existen los colores y puedo verlos
48. Porque estoy viva

Gracias a Dios por todo ello.
La mala conciencia para otro día.

martes, 1 de diciembre de 2009

La lengua



Después de unos días en los que he recibido mucho cariño de amigos entrañables, todo se ha enturbiado por haber dado rienda suelta a mi lengua, una vez en casa.

Hace mucho que no leo un libro muy importante para mí. Hace mucho que no me dejo llevar por palabras sabias como estas.
Así me va.

Os las dejo, por si a alguien más le hacen bien. Yo he de procurar recordarlas más a menudo, para no perder el norte.

Hermanos míos, no os hagá is maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuá n grande bosque enciende un pequeño fuego!

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que está n hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.






sábado, 21 de noviembre de 2009

Sin embargo estoy aquí... resucitando



Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando.
gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando.
cantando al sol, como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui, solo y llorando.
hice un nudo del pañuelo, pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando.
cantando al sol, como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra.

Tantas veces te mataron, tantas resucitarás cuántas noches pasarás desesperando.
y a la hora del naufragio y a la de la oscuridad alguien te rescatará, para ir cantando.
cantando al sol, como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra.


jueves, 12 de noviembre de 2009

Con el odio acabaremos... o así.


Canción del odio. (Nacha Guevara)

Guerra, sangre, odio en derredor Cuándo encontraremos
dónde está el amor.
Libertad, igualdad, y fraternidad
es lo que buscamos.
Por eso, tomados de la mano,
con el odio acabaremos.
Ese es nuestro credo.
Basta de violencia, de egoísmo, de indecencia.
No esperemos a mañana.
Cuando antes comencemos.
Con el odio acabaremos.

Con el odio acabaremos.
Con el pie lo aplastaremos.
Luchemos por el día
en que el amor por fin sonría.
Emprendamos el camino.
Cuando antes comencemos.
Con el odio acabaremos.

Con el odio acabaremos.
Qué paliza le daremos.
No te gusta que te pegue,
entonces ¡muere, muere, muere!
Para ver lo que han comido
la barriga le abriremos.
Con el odio acabaremos.

Con el odio acabaremos.
La picana le pondremos
Y, si llora o si se queja,
le arrancamos las orejas.
Viendo cómo se retuerce
cómo nos divertiremos.
Con el odio acabaremos.

Con el odio acabaremos.
En un monte lo pondremos.
Allí la multitud
lo clavará en una cruz
y, cuando pida agua,
vinagre le daremos.
Con el odio acabaremos.

Con el odio acabaremos.
Algún nazi encontraremos
que le ponga una inyección
que lo convierta en jabón.
Con el odio acabaremos.
Y por si esto fuera poco
le refregaremos bien la cara con sus mocos.
Con el odio acabaremos.
Una bomba le pondremos.
Cuatro tiros, seis granadas,
diez misiles y un torpedo.
La lengua le arrancaremos
y los dientes venderemos.
Con el odio acabaremos.




sábado, 7 de noviembre de 2009

Desconfianza y autoestima.

Desconfianza
Guillermo Barrios del Valle



La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne al futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.

Laurence Cornu, La confianza en las relaciones pedagógicas. (De la Wikipedia)

No es lo mismo el amor propio que la autoestima. Por amor propio yo me arreglo para salir a la calle aunque me encuentre fea y defiendo mis posturas aún cuando temo el conflicto. Pero mi poca autoestima me hace sentirme fea y temer al conflicto.

La poca autoestima me hace desconfiar de mí misma y de mi valía, y por ende no tener confianza en los demás. Y eso mina las relaciones.

Es un mal antiguo, difícil de curar por ser crónico. No voy a psicoanalizarme ahora buscando las raíces de ese sentimiento. No tiene sentido a estas alturas.

Sólo quiero saber cómo superarlo.

Ayer fue un mal día. Lo siento y pido perdón.

A ver si también puedo perdonarme a mí misma.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Lealtad (Cómo hemos cambiado)



Antonio González
Don Quijote en el molino de viento




Hoy estoy un poco triste. A algunas personas, a las que quiero mucho, las han defraudado.
Habían dedicado mucho tiempo a una causa que les parecía justa y ahora se ven puestos en entredicho. Se habían ilusionado con un proyecto, con una persona, a la que habían idealizado demasiado y ésta les ha fallado.
Es lo que tienen los ídolos con pies de barro.
Un proverbio muy antiguo dice: "Maldito el hombre que confía en el hombre".
Todos podemos fallar, errar es humano.
Aún así me han demostrado que son, ellos sí, dignos de confianza. Porque pudiendo haber aclarado todas las razones que les había hecho dar la cara han callado para no dejar mal a quien les ha hecho daño con su actitud.
A todos ellos dedico esta canción:


sábado, 31 de octubre de 2009

Olor a naftalina


Microrelato (Ana María Shua)

Del salón en el ángulo oscuro, por su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, releyendo las rimas de Bécquer, una tía lejana.







Hace 25 años viví durante un año en un pueblo de costa de los considerados "aristocráticos" dentro del universo turístico.
Un día paseando con alguien que había nacido allí, vi pasar a un hombre en una silla de ruedas de las que llevan motor acompañado por una mujer. Ambos debían rondar los cincuentaitantos años.
Entonces me contaron la historia que había escandalizado al pueblo tiempo atrás.

Él era el zapatero remendón del pueblo. Su oficio era el típico de muchos afectados por la polio en aquellos tiempos. Había llegado a Cataluña desde Andalucía hacía años. Yo recuerdo haberlo visto trabajar, siempre cantando coplas. Era muy alegre. Todo un personaje.

Ella era de lo que se suele llamar "de buena familia". La típica hermana soltera que vive sola, de aquellas que viven por y para los sobrinos, en sustitución de los hijos que nunca tuvieron.

Supongo que la historia fue así: Ella llevaría sus zapatos a arreglar al remendón cantarín, y entre tapas y medias suelas fueron simpatizando. Seguramente ella reía con las ocurrencias de él como no lo había hecho antes y pasó lo que tenía que pasar: Se puso el mundo por montera y se casó con él.

El sobrino nunca se lo perdonó y la gente del pueblo, a juzgar por el tonillo con el que me lo explicaron, tampoco.
Recuerdo que pensé que debían ser muy valientes para andar por la calle sabiéndose en el punto de mira de todo el mundo.

Me dijeron, también, que este sobrino, años antes, había enviado a Joan Manel Serrat un poema dedicado a su tía que éste utilizó para crear su canción La Tieta. El sobrino estaba doblemente enfadado. Con Serrat porque, según él, no le había reconocido la autoría de la idea de la canción, y con su tía, que hacía peligrar su herencia.
Olor a naftalina.

La tieta (J. M. Serrat)
La despertará el viento de un golpe en los postigos. Es tan larga y ancha la cama... Y están frías las sábanas. Con los ojos medio cerrados buscará otra mano sin encontrar ninguna, como ayer, como mañana. Su soledad es el amante fiel que conoce su cuerpo pliegue a pliegue, palmo a palmo... Escuchará el maullido de un gato castrado y viejo que en sus rodillas duerme las largas noches de invierno. Hay un misal dormido encima de la mesilla de noche y un vaso de agua medio vacío cuando se levanta «la tieta». Un espejo resquebrajado le dirá: «Te haces mayor. ¡Cómo ha pasado el tiempo! ¡Cómo han volado los años! ¡Cómo se han perdido por las calles los sueños de juventud! ¡Cómo se arruga la piel, cómo se hunden los ojos!...» La portera, a su paso, dibujará una sonrisa: es el orgullo de quien tiene alguien que le caliente la cama. Cada día lo mismo: coger el autobús para trabajar en el despacho de un abogado gandul con quien en otro tiempo ella se hacía la estrecha. De eso hace tanto tiempo... Ni lo recuerda «la tieta». La que siempre tiene un plato cuando llega Navidad. La que no quiere nadie si un buen día cae enferma. La que no tiene más hijos que los hijos de sus hermanos. La que dice: «Todo va bien». La que dice: «¡Qué más da!» Y el Domingo de Ramos le comprará a su ahijado un palmón largo y blanco y un par de calcetines y en la iglesia los dos harán lo que hace el cura y alabarán a Jesús que entra en Jerusalén... Le dará veinte duritos para abrir una libreta: hay que ahorrar el dinero, como siempre hizo «la tieta». Y un día se ha de morir, más o menos como todos. Se la llevará una gripe al agujero profundo. Entonces ya habrá pagado el nicho y el ataúd, los salmos de los sacerdotes, las misas de difuntos y las flores que acompañarán su entierro; son cosas que a menudo las olvida la gente, y son tan bonitas las flores con crespones negros colgando y detrás unos amigos, descubiertos hace un instante y una esquela que dice... «Ha muerto la señorita... ...descanse en paz. AMÉN»... Y olvidaremos a «la tieta».

sábado, 24 de octubre de 2009

Miedo rancio




"Abraza tu miedo"
Elena Ospina










Ella tenía miedo.
Miedo ancestral, miedo heredado, miedo aprendido, miedo inculcado, miedo interiorizado.


Tenía miedo desde pequeña.
A que no la quisieran como era, a no cumplir las expectativas de los demás aunque estas expectativas no tuviesen nada que ver con su propio bien, sino con los intereses de los otros.
Durante muchos años tuvo miedo a volverse loca, después a soltarse de las amarras que la ataban, tuvo miedo a volar -por eso su imaginación era tan grande y a menudo parecía estar en otro lugar-, tuvo miedo a ser La Culpable. De lo que fuese, es igual.

Tuvo miedo a las miradas envidiosas de otras mujeres. Por eso escondió su cuerpo, sacó sólo su lado maternal para la ternura, no se permitió el juego inocente de la seducción, ni siquiera a distancia.

Tuvo miedo,en fin, a ponerse a prueba. Y ese miedo fue el más duradero. De los demás se fue liberando con los años, pero de ese...
El miedo a fracasar la bloqueaba, el perfeccionismo la inutilizaba.

Cuando era pequeña, a los seis o siete años, comenzaba una y otra vez pequeñas labores de bordado que nunca terminaba porque enseguida veía que no iban a quedar igual que el modelo. Hoy, si ella misma tuviese delante a esa niña que fue , la animaría a probar con cosas más sencillas, para que fuese cogiendo confianza en sí misma. La convencería de lo bueno que era que tuviese interés por hacer cosas bonitas, compararía las pequeñas manos de la niña con las suyas de persona mayor para convencerla de que esas manitas poco a poco serían más grandes y más diestras y la animaría, sin colgarle el sambenito de persona que nunca termina lo que empieza que llevó desde siempre.

Porque ella, ahora, sabe que no es así. Que ha hecho bien muchas cosas en su vida. No es perfecta, se ha equivocado muchas veces, ha tenido que ir contracorriente, ha hecho muchas cosas sólo para demostrar algo a los demás, con lo tonto que es eso. Ha reaccionado más que accionado, demostrando así a menudo que le importaba todavía demasiado lo que los demás pensasen.
Y encima ha sufrido porque se daba perfecta cuenta de todo ello.

Ahora tiene un reto. Una deuda consigo misma. En realidad es un reto que la ha acompañado desde que era adolescente y no se lo permitieron hacer.
Ahora, más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, quiere, por fin, estudiar una carrera.

Y tiene miedo. Aún. Sólo mientras escucha esta canción:

Pero ella no se va a quedar ahí.
Se repetirá a sí misma, una y otra vez, como hace desde hace años,
hasta que lo lleve escrito en la sangre, esto:



miércoles, 30 de septiembre de 2009

María Zambrano. ¿Por qué se escribe?


Este ensayo, recogido en su libro Hacia un saber sobre el alma, fue editado primero en 1934, en Revista de Occidente.


Hacia un saber sobre el alma (Fragmento)

POR QUÉ SE ESCRIBE

Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas.

Pero es una soledad que necesita ser defendida, que es lo mismo que necesitar de justificación. El escritor defiende su soledad, mostrando lo que en ella y únicamente en ella, encuentra.

Habiendo un hablar, ¿por qué el escribir? Pero lo inmediato, lo que brota de nuestra espontaneidad, es algo de lo que íntegramente no nos hacemos responsables, porque no brota de la totalidad íntegra de nuestra persona; es una reaccion siempre urgente, apremiante. Hablamos porque algo nos apremia y el apremio llega de fuera, de una trampa en que las circunstancias pretenden cazarnos, y la palabra nos libra de ella. Por la palabra nos hacemos libres, libres del momento, de la circunstancia asediante e instantánea. Pero la palabra no nos recoge, ni, por tanto, nos crea y, por el contrario, el mucho uso de ella produce siempre una disgregación; vencemos por la palabra al momento y luego somos vencidos por él, por la sucesión de ellos que van llevándose nuestro ataque sin dejarnos responder. Es una continua victoria que, al fm, se transmuta en derrota.

Y de esa derrota, derrota íntima, humana, no de un hombre particular, sino del ser humano, nace la exigencia de escribir. Se escribe para reconquistar la derrota sufrida siempre que hemos hablado largamente.

Y la victoria sólo puede darse allí donde ha sido sufrida la derrota, en las mismas palabras. Estas mismas palabras tendrán ahora, en el escribir, distinta función; no estarán al servicio del momento opresor; ya no servirán para justiftcarnos ante el ataque de lo momentáneo, sino que, partiendo del centro de nuestro ser en recogimiento, irán a defendernos ante la totalidad de los momentos, ante la totalidad de las circunstancias, ante la vida íntegra.

martes, 22 de septiembre de 2009

When you are smiling (Mario Benedetti)


When you are smiling
ocurre que tu sonrisa es la sobreviviente
la estela que en ti dejó el futuro
la memoria del horror y la esperanza
la huella de tus pasos en el mar
el sabor de la piel y su tristeza
When you are smiling
the whole world
que también vela por su amargura
smiles whith you.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Días de vino y rosas.


¿La peli o la obra de teatro?

¿Binomio Jack Lemmon-Lee Reemick o Carmelo Gómez-Silvia Abascal?

Ambos dos.

Lemmon, en la película, es un bebedor social, al que gusta beber en compañía. Una persona extrovertida para la que el acto de beber es un gesto de camaradería, de complicidad, de amistad.
Pero llega un momento en el que la bebida le es necesaria para mantener esa imagen de amigable colega, en medio del estrés laboral y la presión por mantenerse en el medio en el que se mueve.

Gómez, en la obra, hace un papel similar, aunque pasado por el tamiz de su carácter mediterráneo. Su optimismo, su manera de demostrar el amor, sus arranques de ira, son las de un hombre-tipo español. Encantador al cortejar, visceral al enfadarse, optimista sin pensar en las consecuencias.

En el papel femenino vemos a una Lee educada en la moral anglosajona y protestante del trabajo, eficiente sin destacar, ordenada, introvertida y culta, sin experiencia mundana y seria en sus relaciones. Una buena chica, como se suele decir. Tiene un solo "vicio": Come chocolate. Le encanta el chocolate. Nada, una cosa sin importancia, que le da un punto encantador y hace pensar al principio en un sucedáneo del sexo en su vida de chica reservada.
Pero, en cuanto entra en el mundo de su marido aflora su tendencia a la adicción. A principios de los sesenta, cuando se hizo la película, algo se sabía en cuanto a eso. La persona de Alcohólicos Anónimos que acompaña a Lemmon en su camino a la deshabituación lo comenta de pasada. Hoy en día hablaríamos de problemas en la recaptación de la serotonina, además de otros factores.

En el personaje que interpreta Silvia Abascal en la versión teatral vemos a una mujer con ganas de salir de la rutina de su vida de funcionaria, frágil tanto física como psíquicamente, deseosa, a pesar de su reticencia inicial, de dejarse envolver por el encantador personaje masculino, en lo que a ella le parece que será un canto a la vida.
Al final, será este personaje de la mujer la que más se hunda en la miseria, la que menos fortaleza tenga para salir de la autodestrucción, en parte por su introversión y su labilidad, en parte por no poder _o querer_ reconocer el problema y llamarlo por su nombre.

La película resulta casi pedagógica. Pueden verse las interacciones con la familia, los problemas en el trabajo, las amistades superficiales, el progresivo empobrecimiento y la degradación, el sufrimiento de los hijos, el restablecimiento moral de quien hace el esfuerzo y tiene apoyo moral para ello...

El montaje teatral dirigido por Tamzin Twonsend se basa en la relación de pareja y su conflicto. Trabajo, amigos y aún el hijo son sólo temas de discusión entre los dos. Son dos personas extranjeras en una ciudad grande y cosmopolita por excelencia como es Nueva York, donde el desarraigo es mayor y cada uno vuelve a su anónima celda después de haber rodado por la colmena todo el día, para cocerse en su dicha o su desdicha a solas.
Es un montaje sencillo, parco en escenografía, económico y, quizá por ello, más intenso. El peso del drama descansa en el trabajo de los actores, y aún los cambios de escena son aprovechados para, con pocos elementos (efectos de luz, versiones cada vez más desgarradas o distorsionadas de una misma canción, cambio de atrezzo a cargo de la pareja protagonista y entrevistos por el público) dar cuenta de la caída en el abismo, paulatina pero sin tregua.

Una historia de amor consumado y aún así, imposible.

Triste, muy triste. Pero esperanzador para quien quiera recuperar las riendas de su vida.

Es posible hacerlo.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Donde dije digo...digo amor


Siempre pensé que una letra como ésta sólo la podía escribir quien se había perdido a sí mismo.

Que quien decía algo así no estaba en su sano juicio, que se estaba rebajando, que no tenía dignidad.

No lo hubiese dicho yo ni hubiese permitido que nadie me lo dijese. Me hubiese sentido presionada, coaccionada.

Es que no estaba enamorada.



jueves, 3 de septiembre de 2009

Gloria Fuertes: La mujer y no la caricatura


Algún día fue joven. Y resultona.
Tuvo cintura. Y novios.

Una de sus frases, llena de humor y verdad, con la tierna ironía supuestamente vestida de ingenuidad que la caracterizaban:
"A mí me parecía muy bien eso de la República. A mi padre también. Éramos pobres, pero no tontos".

AUTOBIO
Nací a muy temprana edad.
Dejé de ser analfabeta a los tres años,
virgen, a los dieciocho,
mártir, a los cincuenta.

Aprendí a montar en bicicleta,
cuando no me llegaban
los pies a los pedales,
a besar, cuando no me llegaban
los pechos a la boca.
Muy pronto conseguí la madurez.

En el colegio,
la primera en Urbanidad,
Historia Sagrada y Declamación.
Ni Álgebra ni la sor Maripili me iban.
Me echaron.
Nací sin una peseta. Ahora,
después de cincuenta años de trabajar,
tengo dos.

domingo, 30 de agosto de 2009

Resignarse, conformarse, aceptar...o cambiar


Lo intenté. De verdad que lo intenté. Pero no lo conseguí.

Menos mal.

Sé que, por el camino, junto a mi insatisfacción, junto a mis intentos fallidos de abnegación, he dejado un rastro de amargura. Quien no es feliz no consigue hacer felices a los demás. Puede cumplir mejor o peor con su deber, someterse a La Norma, sea ésta cual sea, resignarse, conformarse, utilizar el eufemismo de la palabra aceptación, que parece tener un barniz de voluntad propia, no tan pasiva como los verbos utilizados antes.... En vano.

Me desaté y salí corriendo hacia mi destino.

Habían sido tantos años de ligazón, las raíces eran tales, que el desgarro y las heridas han sido inevitables y sangrantes. No ha sido un corte quirúrgico, sino traumático y lleno de jirones. Algunas personas formaban parte de mi vida de una forma tan profunda que en realidad eran mi vida, así que el dolor ha sido grande.

Pero justo a esas personas he querido darles la última lección. A mis hijas les quise enseñar siempre a no dejarse vencer por la desidia, a buscar soluciones, a no conformarse. En la práctica lo cumplí casi siempre. Pero, por amor a ellas (aunque les fastidia oírlo) me sometí, muy a regañadientes, a una vida que no me gustaba nada.

Ninguna se lo ha tomado bien. Estoy segura de que cada una de ellas lo ha hecho por motivos diferentes.
Quizá alguna por tranquilizar a los que tiene alrededor y querer demostrar que ella no va a hacer algo así nunca, aunque se parece a mí más de lo que quiere reconocer.
Por la estrechez de miras, alguna otra, que une a sus fuertes convicciones la vehemencia de los jóvenes, que siempre creen que todo es blanco o negro hasta que la vida empieza a dar zarpazos.
Y, finalmente, y lo que más me duele, es que alguna se siente abandonada. Pero, paradójicamente, no deja que me acerque.

Todas se dejarían matar antes que reconocer cada una de estas cosas. Que no he sido la madre perfecta lo sé, quisiera que me enseñaran alguna, si la encuentran. Pero la vida no es una historia de buenos y malos.

El tiempo nos pone a cada uno en nuestro lugar. Todas ellas, a medida que vayan viviendo y viendo, se darán cuenta de que he escogido la mejor opción. Para mí y para todos.

Y ahora, mientras espero que eso ocurra, vivo mi vida, escogida por mí, por primera vez, a la edad en que otros ya se han asentado y hace tiempo que dejaron de esperar algo nuevo.

Vivo. Estoy viva. Mi cuerpo está despierto, mi mente está alerta, mi corazón está lleno de amor, mi alma conforme con mis decisiones.
Vivo el presente, cada momento con intensidad. Ya no estoy siempre ausente, en el pasado o en el futuro, para evadirme. No leo para vivir otras vidas, no cambio los muebles de sitio por no cambiar mis circunstancias.

Y no estoy ni me siento sola. Por primera vez en mi vida. Porque por primera vez en la vida sé qué es el amor.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Cristina Peri Rossi y los transgresores



Algunos dirán que el mensaje es trasnochado. Que ya, hoy en día, no tiene razón de ser.

Pero yo afirmo que ser mujer, si no encajas en el papel asignado, sigue siendo duro. Y lo mismo ocurre si eres hombre y te sales del guión.
Así que dedico este poema a todos aquellos que van contra viento y marea, a los iconoclastas, los advenedizos, los que no encajan.

Lo importante es que en su puzzle personal encajen todas las piezas.



Condición de mujer (Cristina Peri Rossi)

Soy la advenediza
la que llegó al banquete
cuando los invitados comían
los postres

Se preguntaron
quién osaba interrumpirlos
de dónde era
cómo me atrevía a emplear su lengua

Si era hombre o mujer
qué atributos poseía
se preguntaron por mi estirpe

“Vengo de un pasado ignoto –dije-
de un futuro lejano todavía
Pero en mis profecías hay verdad
elocuencia en mis palabras
¿Iba a ser la elocuencia
atributo sólo de los hombres?”
Hablo la lengua de los conquistadores
es verdad
pero digo lo opuesto de lo que ellos dicen.

Soy la advenediza
la perturbadora
la desordenadora de los sexos
la transgresora

Hablo la lengua de los conquistadores
pero digo lo opuesto de lo que ellos dicen.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Wendy y la burocracia.

En el país de Nunca Jamás no había que hacer papeles.

Yo no recuerdo que Wendy tuviera que empadronarse ni nada por el estilo.
Tampoco había que pensar en buscar casa, pedir créditos ni gestionar hipotecas.  Cuando llegó volando de la mano de Peter Pan no tuvo que pasarse por ninguna ventanilla en la que le dijesen "vuelva usted mañana", ni le preguntaron por su número de la Seguridad Social para que le asignasen médico, ni esas cosas.  De hecho no recuerdo que ninguno de los Niños Perdidos se pusiese enfermo, y si así fuera, seguro que Wendy lo arreglaba contándole un cuento.  
Los Niños Perdidos apenas recordaban nada de su vida pasada.  No tenían pesadillas, creo recordar.  No tener memoria ni noticia de los que les hubiesen hecho daño les ayudaba a ser más felices, por despreocupados.

En el País de Nunca Jamás ni al Capitán Garfio se le hubiese ocurrido la pequeña maldad (léase putada) de dar de baja un teléfono móvil de los que tenía en el mismo contrato con uno de sus piratas diciéndole a la compañía de teléfonos que se lo habían robado, de manera que el pirata en cuestión no pudiese recuperar su número, con las consiguientes molestias, es decir, comunicar el nuevo teléfono a toda entidad o posible futuro puesto de trabajo desde el que quisieran llamar a Wendy.  
Hasta los malvados de los cuentos tienen más clase que los truhanes que las matan callando en la vida real.

Y es que ésto no es un cuento. 
Ni éste es el País de Nunca Jamás.  
Ni yo soy Wendy.

viernes, 14 de agosto de 2009

Rien de rien






Voy a ser feliz.
Voy a morir de vieja siendo feliz.
Hoy es el principio del resto de mi vida.








No, nada de nada
(je ne regrette rien)

No, no me arrepiento de nada
Ni el bien que me han hecho, ni el mal
Todo eso me da lo mismo
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Está pagado, barrido, olvidado
Me da lo mismo el pasado

Con mis recuerdos
Yo prendí el fuego
Mis tristezas, mis placeres
Ya no tengo necesidad de ellos
Barridos mis amores
con sus trémolos
barridos para siempre
Vuelvo a partir de cero

No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Ni el bien que me han hecho, ni el mal
Todo eso me da lo mismo
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Pues mi vida
mis alegrías
hoy
comienzan contigo...

sábado, 8 de agosto de 2009

Fariseos y otras especies


LEHRER LUMPEL
Max und Moritz (W. Busch)










LECCIONES DE URBANIDAD (Joan Manel Serrat)

Cultive buenas maneras
para sus malos ejemplos
si no quiere que sus pares
le señalen con el dedo.

Cubra sus bajos instintos
con una piel de cordero.
El hábito no hace al monje,
pero da el pego.

Muéstrese en público cordial,
atento, considerado,
cortés, cumplido, educado,
solícito y servicial.

Y cuando la cague, haga el favor
de engalanar la boñiga.
Que, admirado, el mundo diga:
"¡Que lindo caga el señor!"

Hágame caso y tome ya
lecciones de urbanidad.

Tenga a mano una sonrisa
cuando atice el varapalo.
Reparta malas noticias
envueltas para regalo.

Dígale al mundo con flores
que va a arrasar el planeta.
Firme sentencias de muerte,
pero con buena letra.

Ponga por testigo a Dios
y mienta convincentemente.
Haga formar a la gente,
pero sin alzar la voz.

Que a simple vista no se ve
el charol de sus entrañas.
Las apariencias engañan
en beneficio de usted.

Cultive buenas maneras
donde esconder sus pecados.
Vista su mona de seda
y compruebe el resultado.

Que usted será lo que sea
- escoria de los mortales -
un perfecto desalmado,
pero con buenos modales.

Insulte con educación,
robe delicadamente,
asesine limpiamente
y time con distinción.

Calumnie pero sin faltar,
traicione con elegancia,
perfume su repugnancia
con exquisita urbanidad.

jueves, 6 de agosto de 2009

Desprenderse o morir(se de pena)






Ayer fue un día triste.
Para mí éste es un tiempo de liberación pero también de renuncias, de ilusión pero de nostalgia, de enriquecimiento y de sensación de pérdida.

Hoy quien me quiere bien me invitó, casi me empujó,aunque sutilmente, al cine.

Yo, cuando estoy triste, huyo de las películas catárticas, esas que te hacen llorar.  Dicen que es bueno, pero yo prefiero la risoterapia.  O mejor, los cuentos con moraleja vitalista.  Llamadme ñoña.

Así que fuimos a ver Up, la película de animación de Pixar.

No la destriparé, aunque sea una película obvia, con un final lógico.  La moraleja:

Hay que soltar lastre, dejar atrás las cosas que nos atan al pasado y abrirse a la nueva realidad.
Los recuerdos buenos se llevan en el corazón.  De los malos es mejor aprender para no repetir la historia y dejarlos atrás.  Ser capaces de perdonar y, lo más difícil, perdonarse uno mismo.

Al salir del cine, al volver a casa, pudimos ver la luna.  La luna llena, con su magia.  Soy lunática, qué le vamos a hacer.  Nos desviamos un poco de nuestro camino para poder verla mejor.

Noche perfecta.  Nueva esperanza.

Gracias, P.

domingo, 2 de agosto de 2009

No lo supe hacer mejor

Tres hermanas
Hal Marcus



No lo supe hacer mejor.  La penitencia por haberme salido del tiesto es el silencio.   Es peor que el insulto.  La peor de las armas en mi contra.  
Supongo que es más fácil para todos llamarlo protección.
El tiempo  es buen consejero.  Eso espero.

Os quiero.



Sin consuelo alguno te sigo queriendo cada amanecer
como sombra voy caminando a solas con mi soledad.
Mis ojos padecen al mirar la casa donde ya no estás.
Corazón transido que me mancha el pecho y me hace sollozar.


Con un leve vuelo de mí te apartaste pequeña torcaz.
Porque no querías que te acariciase el pelo y la piel.
Regresa, te pido, a darme consuelo como sabes tú.
Alivia esta pena que me estruja el alma, Che pykasumi.

Joan Manuel Serrat





miércoles, 29 de julio de 2009

Eso no era vida

F. entró en este mundo con mal pie.

Su primer viaje fue en taxi, porque en un taxi nació.   Una comadrona cansada después de un largo día de trabajo le administró a la Señora Madre, la que lo había de parir, algo para que aligerase, y no dio tiempo a llegar a la pequeña clínica donde debiera haber nacido.

Algo en ese rato dañó su cerebro lo suficiente para que no entrase en el grupo de los llamados normales -sean éstos lo que sean- pero no lo bastante como para hacerlo un infeliz, justo aquellos que suelen ser los más felices, porque no se enteran.  Él tenía un problema, pero lo peor es que lo sabía.  Era consciente de ello.  Y eso sí lo hacía desgraciado.

No.  No era eso lo peor.   Conozco a otros como él.  Si han dado con padres o tutores que quieran su bien les han educado para ser  (en lo posible) autónomos, responsables, con buena autoestima y capaces de amar.  Pero ese no fue su caso.

Fue sobreprotegido y mal educado.  Y la Gran Castradora hizo de él su complemento.   Lo apartó de los demás para que creyese que ella, y sólo ella, lo quería.  Después, como a la señora le iba la marcha, reprodujo en su relación el patrón que había seguido con el padre de él, y así podía repetir su frase preferida en aquellos años:  "Es como un marido malo".  Malo según ella, claro. 
F. nunca vivió en pareja, sino con la madre que lo parió y lo moldeó a su capricho.

Así, su vida fue cada vez más triste.  Posiblemente eso es lo que hizo que se suicidara lentamente.  A fuerza de comida y tabaco.  
Lento pero seguro.

La Doña pasó a hacerlo aún más dependiente a medida que su salud se iba deteriorando, y lo convirtió en un gigantesco y algo ridículo bebé.  De esa manera pasó ella a jugar a las casitas con lo que quedaba de la persona que había intentado años atrás resistirse a su telaraña de araña viuda para al final claudicar.  

Por eso F. terminó dimitiendo de la vida. 
Su madre hizo que pusieran en sus manos, en el féretro, un muñeco de peluche.  No le dejó ser hombre ni en el momento solemne de la muerte, a pesar de que dispuso que lo vistiesen con su traje de americana a rayas.

Ella que, conociéndola, debía tener la ropa cuidadosamente escogida y preparada desde hace tiempo, apareció en el funeral con un moño estudiado y sus mejores galas:  Negras, pero de estilo ibicenco, y con un chalequito blanco que ella misma había llenado de abalorios.  Arreglá pero informal. Era su momento de gloria, aquel por el que había hecho todos los esfuerzos que se supone deben hacer las madres.

F. era mi hermano.  
Murió el pasado día 23 de julio a los 45 años, de cáncer de pulmón y de desesperanza.

Ahora sí descansa en paz.




domingo, 19 de julio de 2009

Secretos a voces


Una puede callar con su boca. Sus actitudes hablarán por ella.
Puede posponer el momento de hablar. Después resultará que lo que dice ya no es noticia.
Puede intentar no herir con las palabras. Al final a los demás les duele la falta de confianza.

Y si todo esto ya lo sabía...¿Por qué esperé tanto? El miedo me pudo.
Infravaloré a las personitas que tenían que escuchar esa verdad. Eran inteligentes y ya lo sabían, realistas y lo aceptaron, generosas y, aunque aturdidas, me siguen queriendo.

Y me siento liberada.

Decir la verdad, lo que hay, me ha hecho libre.

Amo.
Lo muestro y lo demuestro.
Amo.
Y soy feliz.

lunes, 6 de julio de 2009

Rayuela















Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


lunes, 29 de junio de 2009

Juego...¿De azar?














AZAR (Poesía visual)
Ricardo Ugarte





LA VIDA EN JUEGO

(Ángel González)


Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.


"...Quizá la clave para poder remontar es no dejar de soñar. Pero no me refiero a soñar sin fe, sino con esperanza, poniéndose una "las gafas de verlo todo posible" aunque sea sólo un ratito cada día.
Se dice que somos lo que pensamos. Si piensas que eres un adefesio dejas de cuidarte y estás más fea, si piensas que nadie te quiere vas a la defensiva y apartas a la gente de tu lado, si piensas que no vales nada terminas siendo anodina.
Yo, como mucha gente, o más, he tenido complejos toda mi vida. Pero también ganas de vivir, a pesar de las épocas de desaliento, que no han sido pocas. Y no he dejado de soñar. Eso nunca.

........

...Estoy viva."

(Este texto forma parte de un comentario hecho a Bílbilis en el post anterior, en contestación a sus palabras, pero es lo que me ha inspirado esta otra entrada)


miércoles, 24 de junio de 2009

Maruja, niña del Barrio Chino


Estos días estoy leyendo Mujer en guerra, de Maruja Torres.

Maruja podría ser, por edad, mi madre, pero hay muchas coincidencias entre sus orígenes y los míos. Su biografía me conmueve y, al mismo tiempo, me duele.

Maruja nació en Barcelona, en lo que hoy vuelve a denominarse el Raval y fue durante muchos años "el barrio chino". Es la zona que bordea la Rambla, que limita con el puerto, la ciudad antigua donde muchas de sus calles tienen el nombre de los gremios de artesanos que se agrupaban para trabajar y vivir en la Edad Media. También es la zona canalla por tradición, supongo que por su vecindad con el puerto. Decir Barrio Chino en Barcelona es decir el barrio de las putas.

En ese ambiente nació Maruja, en plena posguerra, de padres murcianos. Barcelona fue durante generaciones destino para los murcianos emigrantes. Mi propia madre llegó a Barcelona desde Murcia cuando tenía 15 años. Nunca más pisó su tierra de origen y tiene claro que en Barcelona morirá, aunque nunca perdió su acento ni pasa de chapurrear cuatro palabras en catalán. Y mi padre era gaditano. Parecía un marroquí de lo moreno que era y nunca le dejó su acento de Jerez. Pero cuando en Premià de Dalt, donde pasé parte de mi niñez, se bailaban sardanas, las bailaba tan bien como pudiera hacerlo Jordi Pujol. Así que, como la Torres, y a mucha honra, soy una charnega.

Me conmueve de Maruja Torres la pobreza en la que creció, teniendo en cuenta que su madre la crió sola. Recuerdo haber leído que la escritora y periodista contaba cómo madre e hija tenían que lavarse en el fregadero de la cocina, por trozos y con agua fría. Que aprendió a leer en casa y que su entretenimiento era el de muchísimos que querían evadirse de su realidad: Las sesiones dobles de los cines.

Me conmueve la dureza de carácter de su madre, que seguramente no lo tuvo nunca fácil, y la dependencia que tenía, en todos los sentidos, de su hija. Quien ha tenido una vida difícil suele ser duro por fuera, muchas veces, porque esa dureza es lo que le ha hecho no sucumbir. Por dentro llora el niño que debiera haber sido, que muchas veces sigue teniendo miedo, pero por fuera la coraza es una mezcla de ironía y rudeza por entre la cuál se escapa la ternura a ramalazos.

Pero Maruja siempre supo que era especial. Tenía muchos factores en su contra, pero cogió al vuelo las oportunidades que se le presentaron, de la mano de mujeres como Carmen Kurtz o Elisenda Nadal, que la introdujeron en el periodismo porque vieron lo que era capaz de dar aquella chica. Y se lo curró.
Escapó al destino que sus circunstancias le dictaban: Trabajar haciendo limpieza, como operaria de fábrica o, a lo sumo, de modista; casarse con un chico que con un poco de suerte no le diera mala vida y se acabó.

Su vida me conmueve, pero también me duele. Me parece una mujer de las que piensan que la mejor defensa es un buen ataque, a la que gusta escandalizar para mantener a los demás a una distancia que no le resulte amenazante, alguien que renunció a una parte de su vida como mujer porque ello le habría cortado las alas y que ha sido más afortunada en amigos que en amores, probablemente.

Pero es una mujer viva. Una mujer que ha vivido defendiendo su espacio en el mundo y su lugar en el periodismo con uñas y dientes. La admiro, a pesar de que no sé si la envidio.

Sí, envidio su valentía para salir adelante sorteando por un lado su origen descastado, por otro el periodismo censurado de sus comienzos y también los ataques que ha recibido por ser honesta en sus convicciones y su forma de expresarlas. Podría haber hablado más alto, pero no más claro, contando con que no llevase en el cuerpo unas copas de más.

Pero, a pesar de ver en ella a la mujer animosa que también es, veo en ella, a veces, a la niña que creció con la madre castradora de sueños, que es la peor de las castraciones. A la mujer que defendió todos los "ismos" que le tocaron vivir en una época convulsa de nuestro país y que tuvo que elegir porque, en esta vida, y siendo mujer, no se puede tener todo.