lunes, 15 de febrero de 2010

Pelirroja y peleona


Había una vez...

Una niña pelirroja y peleona. Bueno... Pelirroja pelirroja no era. Tenía tez y ojos de serlo. Más aún: Tenía alma de pelirroja.
Peleona sí lo era del todo. Era la pequeña de seis hermanos y tenía primos... hasta decir basta.
Le fueron pasando muchas cosas, buenas, malas y regulares, y así fue creciendo.

Hoy es una pelirroja (de alma y pelo, que para eso hay tintes) que ha crecido tanto que le llegan las piernas al ombligo. Y le han pasado tantas cosas que aún es más peleona con la vida que antes. Por eso a veces se cansa mucho.

Ahora está malita, necesita descansar. Pronto estará mejor, que le queda una primavera movidita.

Le van a pasar muchas cosas buenas este año. Conmigo.

martes, 9 de febrero de 2010

Facundo Cabral y la resiliencia



Fue analfabeto hasta los catorce años, pero tiene una inteligencia superior.
Su madre fue abandonada por su padre y él mismo vivió a su aire desde los nueve años, pero es agradecido con la vida.
Estuvo en un correccional del que escapó, pero ha inspirado la vida de aquellos que le han escuchado o le han leído.
Cree en Dios, pero no es un santurrón sin sentido del humor.
Es vividor, pero tiene un compromiso con la vida.
Tiene la capacidad de decir exactamente lo que quiere, pero jamás desprecia a ninguno de sus entrevistadores, por más tontos que parezcan a su lado.
No se siente ligado a nada, pero no ha perdido su humildad.

A veces creo que es demasiado perfecta tanta libertad interior y tanta sabiduría. A mí, mujer de poca fe, me resulta sospechosa tanta bondad sin orgullo ni artificio.
Después pienso que no importa. Lo que dice es verdad.

Me hubiese gustado conocerle.

jueves, 4 de febrero de 2010

Obras son amores...


Obras son amores y no buenas razones. Eso dice el refrán.

Corde y yo, por amor, estamos construyendo nuestro hogar. Pero solas no hubiese sido posible, porque nuestras fuerzas son pocas y nuestro dinero menos.
Por eso, este post es de agradecimiento a todos los que nos están echando una mano.

A Juan, porque sin su ayuda como abogado nos hubiéramos perdido en este laberinto.

A Pedro, que nos cobra, pero con un presupuesto ajustado y lleno de pequeños detalles que no entran en lo estrictamente pactado, porque trabajar se puede hacer con buena voluntad o haciendo los mínimos y "yatapañarás".

A Alfredo y Ana. A ella por prestarnos a su marido estando como está la chica a punto de parir. A él por cambiar una cocina que era una cueva de ladrones en un lugar agradable a base de piqueta y azulejos, sin pedirnos nada a cambio, habiéndose ofrecido de motu proprio. Ya saben que tienen "canguros" de aquí a la eternidad.

A Augusto, al que hace tan poco que conocemos y ya nos ha ayudado tanto, con su fuerza y su buen gusto. Gracias por ayudarnos a cargar peso y por estar dispuesto a llenar nuestra casa de color a base de brocha.

A Iñaki, siempre tan elegante pero dispuesto a pringarse -literalmente- sacando muebles de cocina viejos (si la cocina estaba así cómo estarán las arterias de los que vivían allí, me pregunto).

A Javier, el "hermanísimo", por su ayuda desde la lejanía con eso que llaman "vil metal", pero sin el cuál no se puede hacer gran cosa en este mundo. Le cumpliremos a rajatabla.

A Salomé, por dejarnos su coche mil veces.

A Arancha y Carlos. Ella, mujer trabajadora y con dos niños pequeños, nos presta a su marido en muchas ocasiones. Él no ha dudado en hacer cientos de kilómetros por una mudanza, y ha pasado horas enteras mientras escogíamos nuestra cocina con todos sus aditamentos, esperando pacientemente para cargar sacos de cemento y azulejos en su coche. Esa noche su abrigo fue directo a la lavadora.

A Luisa, nuestro paño de lágrimas, nuestra canariona, que nos ha dado ideas, nos ha hecho croquis, y siempre está ahí.

A todos ellos ¿Cómo les podremos pagar?

Eso es verdadera amistad y lo demás son puñetas.

¿Me dejo a alguien? Corde me lo recordará.

GRACIAS.

lunes, 25 de enero de 2010

Metamorfosis 2


Pájaro corazón despegando
Amelia Pisaca







Ten piedad de mí, Señor,
porque estoy angustiado:
mis ojos, mi garganta y mis entrañas
están extenuados de dolor.

Mi vida se consume de tristeza,
mis años, entre gemidos;
mis fuerzas decaen por la aflicción
y mis huesos están extenuados.

Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí.

Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil.
..............................
Mientras me quedé callado,
mis huesos se consumían
entre continuos lamentos,
porque de día y de noche
tu mano pesaba sobre mí;
mi savia se secaba por los ardores del verano
.............................

Libro de los Salmos


Esto es lo que se siente cuando una no consigue "hacer limpio" en su corazón y en su cabeza. Lo sé muy bien porque es mi experiencia.
No sé cómo superar ciertas cosas, así que me propongo un juego que quiero compartir con vosotros:

Voy a hacer "como si...". Como si me sintiera liberada, como si fuese totalmente feliz.
Sé que parece una contradicción, pues siempre hablo de la importancia de ser consecuente con lo que uno piensa y siente. Pero es que quiero pensar y sentir diferente en algunas cuestiones. Así, y para que mi inconsciente, subconsciente o como quiera que se llame el asunto se convenza, voy a repetirme a mí misma que me libero de la amargura y del rencor.

Programación Neurolingüística, le llaman algunos. Cambiar el chip, otros.
Llámalo X.

Os doy permiso a todos vosotros, que me leéis, para avisarme cuando recaiga. Es un vicio antiguo y cuesta deshacerse de él.

A ti, mi Corde, te doy más licencia que a nadie. Sólo que me lo digas con mucho amor, porque pica. Algo así como lo que tú quieres para despertarte de la siesta cuando has de ir a trabajar.

miércoles, 20 de enero de 2010

Raíces podridas






Caspar David Friedrich




Antes de empezar quiero dejar constancia de que -por encima de todo- hablo de mí misma. Aunque mucha gente podría pensar lo mismo que yo. Pero escribo tomando como referencia mi propia historia.

Somos hijos de quienes somos, arrastramos la mierda acumulada generación tras generación, la cargamos sobre nuestros huesos, sobre nuestras costumbres, sobre nuestros miedos ancestrales, sobre nuestra culpa congénita.

Esa mierda nos enferma, nos conforma, nos deforma. Y, encima, la barremos bajo la alfombra. Allí fermenta, se pudre, nos pudre.
Pero no hacemos limpieza. Tenemos demasiado miedo a reconocernos ante el espejo. Reconocer en nosotros los tics tantas veces odiados cuando los vemos en los demás.
Jugamos a que no nos afecta, a que no es verdad. Jugamos a la familia feliz. Moriríamos -y de hecho morimos- antes que llamar a las cosas por su nombre.

Pero ese no es el mayor de los problemas. El mayor de los problemas es que toda esa mierda sigue proyectando su sombra y salpicando nuestra vida futura, condenándola de antemano.

Yo siento rencor. Lo reconozco. Me hubiese gustado tener unos padres bien avenidos, un padre con apego a la vida, una madre cariñosa y generosa, unos hermanos que me amaran de forma incondicional. Me hubiese gustado ser yo misma una persona con más ganas de vivir, cariñosa, generosa. Me hubiese gustado ser capaz de amar de manera incondicional.

Pero de tal palo... ¿O no?

¡Mary Poppins, ven a mi casa!





sábado, 16 de enero de 2010

Nuestra casa



Carl Larsson
Acuarela 1907










Para P.

Que nuestra casa sea un barco y no una cárcel.
Una roca donde hacer pie y no una piedra donde tropezar.
Un lugar donde descansar y no un museo.
Una puerta abierta a la amistad y no a las intromisiones.

Que seamos las propietarias y no las esclavas.
Que hablemos en ella más de amor que de dinero.
Que sea un reflejo de nuestro carácter y no de un status.
Un santuario de paz y no la plaza del mercado.

Que la hagamos nuestra, en fin, pues es una prueba tangible
de la confianza que ponemos en nuestra relación.

Esta canción es una ida de la olla, pero me sale la vena jerezana ¿Qué pasa?