sábado, 20 de octubre de 2012

Sherezade sin nada que contar




A Sherezade se le ahogaron las palabras.

Siempre había sido una cuentista.  O una cuentera.  O...  ¿Cómo decirlo sin estar diciendo al mismo tiempo que era mentirosa?  Porque no lo era, no.  Quizá sea una cuestión de artículo:  No es lo mismo decir "fulanito es un cuentista" que "fulanito es cuentista".

El caso es que Shere siempre había sabido encandilar a quien se le pusiera por delante.  Cuando era pequeña no era muy juguetona.  No en sentido físico.  Ella siempre había jugado con las palabras.  Las juntaba, cambiaba el orden, las repetía con sonsonete, las cantaba...  Tenía una voz bien modulada y lo sabía.

Ella notaba que era escuchada porque, cuando hablaba, los demás no quitaban los ojos de su cara, la seguían en sus gestos y dejaban traslucir sus sentimientos sin darse cuenta de que estaban mostrando su alma ante ella.  Shere también dejaba ir mucho de sí misma mientras contaba lo que contaba, pero nunca dejaba de observarlos a ellos y sus reacciones.  Nunca utilizó su don para mal, no era maquiavélica.  Era capaz de decir barbaridades si se enfadaba, sí, pero cuando uno está enfadado no está para cuentos, eso todo el mundo lo puede entender.


Ese don le sirvió para entretener a niños, enamorar a hombres, conseguir que otras mujeres no la viesen como una amenaza, la ayudó a calmar miedos, dar ánimos y crear seguridad.

Mientras las palabras fluyeron en su justa medida de su cabeza a su boca, pasando por su corazón, todo fue bien.  Eran como un río, a veces caudaloso y lleno de remolinos y saltos, otras veces un riachuelo que se podía cruzar sin peligro.  Pero siempre fluyendo.

Sin embargo, todo cambió cuando vinieron las lluvias.  O los lloros.  En la vida de las personas hay épocas tormentosas que producen muchos daños.  Eso le pasó a Sherezade, la cuentista.  En su cabeza empezaron a acumularse los árboles caídos del dolor, los desechos que dejaron las afrentas no perdonadas, los desaires en forma de trapos a la deriva y el desorden de todo ello hizo que las aguas se enturbiaran, se embarraran,  se acumularan y todo lo anegaran.

Si hubiese podido decir lo que sentía, dejando que se posaran los lodos, sus palabras quizá hubieran sido fáciles de entender, hubiera podido limpiar el fondo del cauce y todo hubiese vuelto a la normalidad.  Pero no.  Ni encontraba las palabras justas ni sus oyentes se habían quedado a ver cómo llovía.  Cada cuál fue a guarecerse del chaparrón como mejor pudo y ella se quedó allí, empapada e impotente.

Ahora, después de que el sol del verano haya secado sus ropas, rebusca entre el barro y en silencio algo de su antiguo saber.  Un poco de agua limpia, quizá, en un cazo que quedó milagrosamente a salvo del desastre, un poco de agua para aclarar la voz.  Después buscará una fuente en la montaña, dejando atrás la zona devastada y sus antiguas historias, se lavará bien y se pondrá en camino.

Sherezade no sabe adónde va.  Deberá aprender otra vez las palabras -no sabe con qué acento- pero confía en que serán pulidas, brillantes y llenas de un significado nuevo.  Volverán entonces a fluir libremente, unas veces formando un ancho caudal y otras un arroyo casi seco, e intentará limpiar el cauce de vez en cuando para que nunca más, nunca, vuelvan a estancarse y ensuciarse las palabras en su cabeza.  Volverán a pasar por su corazón y quién sabe si quizá, alguna vez, un sediento podrá saciar su sed de ser comprendido a través del espejo que son los cuentos y las historias contadas con amor y oficio.

viernes, 10 de agosto de 2012

Qué bueno que viniste.


Cuando el frío, el pariente pesado, el presupuesto para el mes, la ropa que ahora no nos entra, el calor y la perra crisis entran por la puerta de nuestra vida, por las rendijas de nuestras ventanas se escapan la ilusión de los primeros tiempos, el deseo que nos empuja a vivir y las fuerzas para seguir soñando.

Quiero hoy, querida mía, darte las razones por las que quiero seguir caminando a tu lado, codo con codo y a nuestro propio ritmo.  
A lo mejor te parece que no son razones muy trascendentes las que te voy a dar, pero las cosas pequeñas son las que más importan al final.  Por cosas intrascendentes vivimos, morimos y matamos. De manera que tiene, cada una de esas intrascendencias , un peso específico decisivo que hace que cada día te quiera más.
Voy a ello.


Te quiero porque eres muy divertida; nadie me ha hecho reír tanto como tú en toda mi vida.

Te quiero porque eres pelirroja de corazón.

Te quiero porque me gustan tus manos, tan largas y finas.  Me gusta observar cómo las mueves.

Te quiero porque, muy aplicada tú, te arremangas y te metes en faena cada mes para vigilar nuestras cuentas  y que no se vayan por los cerros de Úbeda.

Te quiero porque me haces café por las mañanas.  

Te quiero por ese par de dientes descarriadillos que hacen tu sonrisa tan única y golosa.

Te quiero porque eres una chica muy mayor pero todavía hablas de tu yaya con el cariño y la veneración que te despertaba a los nueve años.

Te quiero porque te admiro intelectualmente.  Poca gente de tu edad tiene tu cultura y sabe tanto de tantas cosas.

Te quiero porque me agradeces que te de comer incluso cuando lo que he cocinado resulte, un día, insulso.

Te quiero porque, a pesar de tener una mala salud de hierro, no permites que el dolor te gane la partida.

Te quiero porque andar con bastón te da un porte -algo inglés- elegante y un tanto extravagante, que me pone mucho.

Te quiero porque te has revelado como la mujer fuerte de la relación.  Eres el báculo en el que puedo apoyarme.

Te quiero porque las piernas te llegan al ombligo.  Eres mi Cyd Charisse particular.

Te quiero porque sabes llevarme bailando.

Te quiero porque quieres bien a aquellas que son el otro eje de mi vida,

Te quiero de frente, de perfil y de espaldas.  Me gusta observarte cuando no te das cuenta para empaparme de ti.

Te quiero cuando me quieres más de lo que me quiero yo.

Te quiero porque me gusta tu olor.

Te quiero porque me has acompañado en momentos muy difíciles de mi vida.

Te quiero porque sentarme a tu lado en el sofá y compartir la manta es hacer hogar.

Te quiero porque planeamos levantar el vuelo en busca de la primavera.

Te quiero porque haberte encontrado es haber llegado, por fin, a casa.

Te quiero de una manera que trasciende mis miedos, mis corazas, mis reticencias antiguas, mis costumbres y mis anteriores convicciones.  
Todo se hizo trizas el día que empecé a quererte y nada ha vuelto a ser igual. 

Mira si eres intrascendentemente trascendental.

Feliz cumpleaños, amor mío.  Qué bueno que viniste.




sábado, 30 de junio de 2012

Mejor me callo












Dino valls



Ante las múltiples opiniones que se excluyen mutuamente
mejor me callo.

Ante la posibilidad de estar siendo injusta
mejor me callo.

Ante la inutilidad de darse a conocer
mejor me callo.

Ante el peligro de ser desleal
mejor me callo.

Ante la imposibilidad de hacerme entender
mejor me callo.

Ante los propios errores por hablar demasiado
mejor me callo.

Ante el dolor que siento y nadie va a comprender
mejor me callo.

Ante la desprotección por haber contado demasiado
mejor me callo.

Ante la alta probabilidad de que se vuelva a liar
mejor me callo.

Ante la frustación de ver que todo se repite como en un mal sueño
mejor me callo.

Porque cuanto menos sepan menos vulnerable de ser herida seré,
cuanto menos abra la boca, menos daño haré.  Porque las palabras son un peligro, porque no soy más que un ser diminuto en un espacio y en un instante mínimos.

¿Qué importancia tiene lo que yo diga, mi opinión o mi sentimiento?
Dentro de unos años nadie se acordará de mi cara, mucho menos de lo que yo decía.  Seré una sombra borrosa.  Ni siquiera ahora hay tanta gente a quien le importe.

Pues ¿para qué tomarse el trabajo de dejar bien clara mi postura?
Llega a ser ridículo si lo piensas un poco.

domingo, 25 de marzo de 2012

Esto es un batiburrillo-spoiler.



De Wikipedia:
"De acuerdo con la tradición religiosa judeocristiana, el alma (heb. נמהש, néfeschgr. ψυχή, psykhḗ) es la principal cualidad identificatoria del movimiento en la materia viviente, haciendo de ella un no-moviente (inerte) a un moviente, independiente del desplazamiento ajeno.


No sé si voy a publicar esto pero lo escribo.

Parece muy cenizo eso de escribir sobre la muerte, pero acabo de ver EVA, la película De Kike Maíllo.  "La película de ciencia ficción para aquellos a los que no les gustan las películas de ciencia ficción", tal como la anuncian.  Si aún no la has visto y quieres hacerlo no sigas leyendo.

Es una película donde la verdad juega al escondite:  Robots cuyo cuerpo es el recipiente de un alma creada por un individuo que conforma y al mismo tiempo analiza su creación...  Constantes referencias tácitas a la paternidad de un ser ambiguo, que juega con cierta perversidad infantil o infantil perversidad, según se mire...  Hermanos que se dan abrazos por no darse de hostias, hasta que se dan de hostias...  Historias de amor larvadas, coches eléctricos con la estética de los utilitarios sin presunción de mediados del siglo pasado, personajes vestidos como en la Alemania de esos años, bebiendo café en tazas de la época cuando se supone que estamos a mitad del siglo XXI...   Un mayordomo perfecto del que no dejas de pensar, como es natural,  si no será el malo o un esbirro del que tú crees que será el malo...
Se ve como peligrosa una emotividad no adecuada al medio, y no se está programado para el libre albedrío, que podría traer demasiados desordenes...  Y todo esto en un medio a escala humana, donde el frío no viene de espacios diseñados por Santiago Calatrava, sino por el hecho de que es invierno y nieva.  Todo ello en un entorno en el que no se ven móviles, pero la gente fuma.  Y mucho.

Al final no hay buenos y malos.  Toda conducta humana tiene una razón de ser y un por qué, y hay que tomar decisiones difíciles.  Como en la vida misma.

He dicho que iba a escribir sobre la muerte.  Es consustancial a la vida.  Unos piensan que unos dedos omnipotentes, con más o menos simpatía o empatía hacia nosotros, enmarañan y desenmarañan la madeja de nuestra vida y deciden en qué momento cortar el cabo.  Se habla del Hado, del destino, de la predestinación.  Se ve como algo accidental, cuando sólo hay algo seguro en esta vida:  Vamos a morir.

El ser más brillante de esta historia ha de morir.  Lo sabe, no hay solución.  Llora, quizá, porque no sabe lo que pasa después, le cuesta desasirse de aquel a quien quiere, pero sabe que es inminente.  Cuando nos paramos a pensar en la muerte como un paso natural, llegada a su hora -es decir, sin violencia de ningún tipo, sin autolisis ni encarnizamiento terapéutico, y sin dolor físico ni moral- en esos casos, se vive un estado de paz que afecta a quien se va y a quienes le acompañan para despedirle.

Ése quiero que sea mi caso y si no, simplemente me evadiré y me iré muriendo como buenamente pueda y a mi aire.  Pero mi momento no me lo quita nadie.  Porque no se muere una cada semana ni cada mes.  Ni siquiera cada año.  Y no escribo esto porque esté triste ni desanimada.  Tampoco deseo que el momento llegue pronto.  Tengo un compromiso por varias décadas con una persona encantadora que me ha liado para muchos años. Pero va a llegar, la muerte, y quiero que no sea traumático para mí ni para quien esté a mi lado.

Por cierto:  ¿Qué ves cuando cierras los ojos?

domingo, 20 de noviembre de 2011

Ya no vivo en Anhedonia.










Anhedonia es un no-lugar.

No hace frío ni calor.  No es silencioso, pero ni aún tu voz suena clara.  Ni que decir tiene, que las voces de los demás no logran hacerse entender.
No existe un horizonte, por tanto no hay una meta ni un camino cierto.  No te puedes ubicar, porque no hay ningún punto de referencia.  Pero eso no significa que transitar por Anhedonia sea tarea fácil.  Aunque no sepas hacia donde ir, ni si hay siquiera una salida, levantas los pies, pero no puedes avanzar.  Están hundidos en un farragoso mar de arena formado por la erosión de rencores, esperanzas, anhelos que se autoproclaman imposibles y recuerdos del pasado, todo ello desgastado por el uso y abuso, por el roce que los ha ido haciendo cada vez más pequeñitos, más resbaladizos y más indescifrables.
El tiempo está suspendido en un instante anodino y no por ello carente de cierta agonía, porque no pasa ni te acerca a la vida ni a la muerte.

Eso es.  Ni estás vivo ni estás muerto.

Pero de golpe una sacudida te conmueve y sientes un dolor muy fuerte.  Te ahogas en tu dolor.  No puedes respirar y te desgarras o se desgarra el pellejo que contenía esa espesa y pesada nada que te envolvía y te conformaba.

¡Qué placer sentir ese dolor!  ¡Qué sorpresa, ver que puedes romper a llorar por fin!  Ese mar de arena se va vaciando por el desgarro y no dejas de llorar en días.  Ya no hay más vacío, se te rompe el pecho mientras compruebas que estar viva duele. Eso te da la risa floja, y ríes con la cara mojada.  ¡Y resulta placentero también reír!

Y el tiempo se sucede, y sabes que un día morirás, pero no ahora.  Y tus ojos ya se han lavado y dejan ver, por fin, que hay alguien ahí dentro.  Y es un alivio para ti y para quien intentaba acompañarte, como si eso hubiese sido posible.

Y aceptas el regalo de sentir.  Lo que sea, lo que traiga la vida, pero sentir.  Qué descanso.





jueves, 10 de noviembre de 2011

El Fabricante de Mentiras o Difama que algo queda.
















"El era un fabricante de mentiras,
Tenía las historias de cartón.
Su vida era una fábula de lata,
Sus ojos eran luces de neón.
Y nunca tengas fe,
Que sus mentiras pueden traer dolor."


Sui Generis.
Se supone que era un hombre, pero tenía la maldad de las mujeres malas, de las brujas maledicientes de su familia.   Se supone que era un señor, pero no había heredado la bonhomía ruda de su padre, sino las mañas hipócritas de aquellas víboras.  No importa que él mismo hubiera sufrido sus maldades domésticas.  Era igual que ellas.


Hablaba de honor mancillado y no se acordaba de sus ladillas de cuerpo y mente.   Hacía mal los deberes de matemáticas a sabiendas y sin embargo hablaba alegremente de robos.  No importaba que él se hubiese apropiado impunemente del nombre de alguien y lo hubiese arrastrado hasta hacerlo parecer irreconocible.  Es ruin difamar a quien no se puede defender y acusar de interesado a quien nunca fue materialista.  


Hay maldades de guante blanco que parece que nunca serán desenmascaradas.  


Aún peor:  Hay personas dispuestas a creerse todo lo que les dicen, que más o menos conscientemente corren un velo sobre su memoria y por comodidad, interés o ellas sabrán qué razones, deciden reescribir la Historia.


Eso es aún más doloroso e indignante.

lunes, 24 de octubre de 2011

Gracias




En los momentos importantes es donde se ve cómo somos cada uno de nosotros.

Amiga:
Gracias por hacerte 5000 Kilómetros para pasar dos días con nosotras.  Por coger dos aviones, dos AVES, una noche de hotel por el camino...

Gracias por el esfuerzo económico, por no haber tenido en cuenta el cansancio que ya llevas a cuestas siempre.

Gracias por haber cocinado para nosotras.  Gracias por haber puesto mis plantas todas juntitas para que las pueda regar mejor.  Por haber fregado el suelo de mi casa.

Gracias, Luisa, por venir de tan lejos para que pudiéramos mirarnos a los ojos.

Tus velas siguen ardiendo en casa.