domingo, 16 de junio de 2013

...Y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí




Nos conocimos un miércoles
haciendo cola en el cine Arcadín.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Le ofrecí un caramelo
una noche de San Medín.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Una amiga muy amiga
venía demasiado a menudo.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

¿Quieres venir -le pregunté-
a conocer a mis padrinos?
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Y ahora ella lleva los niños al cole
i yo hago los platos de la noche.
Nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo alimento a los periquitos,
ella riega el jardín.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo siempre compro manchego
aunque ella es más de brie.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo soy un fan de Astérix
y ella tiene todos los Tintín.
Nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Prefiero que no hable
de su novio de París.
Que nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo soy de bailar la conga,
ella se decanta más por el twist.
Nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo digo "Eps! Un ron con cola!"
y ella quiere carta de vinos.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Ella admira a Kiarostami
y yo soy más de Jacques Tati.
Nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo ya sé dos o tres cosas,
ella ya sabe cuatro o cinco.
Que nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Ella no deja que me rasque
cuando me pican los mosquitos.
Pero nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Ella es reina de las fiestas,
yo soy un hombre aburrido.
Y nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

Yo la miro y temo,
no fuera que se cansara de mí.
Nos ha costado dios y ayuda
llegar hasta aquí.

lunes, 25 de febrero de 2013

-Ismos, -Istas o "Los de mi pueblo somos mejor"





-ismo.
(Del lat. -ismus, y este del gr. -ισμός).


1. suf. Forma sustantivos que suelen significar doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos. Socialismo, platonismo, impresionismo.

2. suf. Indica actitudes. Egoísmo, individualismo, puritanismo.

3. suf. Designa actividades deportivas. Atletismo, alpinismo.

4. suf. Forma numerosos términos científicos. Tropismo, astigmatismo, leísmo.
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El primer modo de persuasión fue el garrote.  Después fueron viniendo otros tipos de control, como el tabú, las diferentes religiones, la filosofía, Maquiavelo y las madres o el concepto de honor de la famiglia.  Hoy en día conviven todos esos modos de presión, mezclándose y entretejiéndose pero, por encima de todos ellos, revolotea la sombra de la presión del grupo.

Si no quieres que te corran a boinazos en tu pueblo es necesario cumplir con lo que dicen el señor cura, el médico y el boticario.  Hay un carril por el que te puedes mover pero sin salirte de los márgenes, porque se vende el paquete completo.  No puede ser que seas de Villaarriba y no uses Fairy, esto es así.  Lo dan por hecho los de Villaarriba y también los de Villaabajo, aunque ellos son más del Mistol.

Todos los movimientos sociales que empezaron como un hálito de libertad ante el autoritarismo y la intransigencia han devenido con los años en una nueva fuente de normas que hay que acatar.  Es igual que seas de derechas o de izquierdas, del Madrid o del Barça, vegetariano o de Segovia:  Siempre habrá alguien que haya meado la farola para marcar el territorio, de manera que el que se mueve no sale en la foto, como decía Alfonso Guerra.

Así, volviendo a los Ismos, si tú te adscribes al comun-ismo, la inmensa mayoría de los comun-istas  sobreentenderán que eres ateo y solidario, mientras que los que no lo son tenderán a pensar que eres ateo, claro, y resentido, sin más.  
Si eres cristiano, "un buen cristiano", para precisar, tus correligionarios darán por hecho que eres humilde, heterosexual y antiabort-ista en cualquier caso, mientras que los no cristianos pensarán que eres inmisericorde en tu farise-ismo, homófobo, antiabort -ista en cualquier caso, fundamental-ista y resentido, cómo no.  
Si eres femin-ista, las demás feministas pensarás que te adscribes a su manera de entender  el femin-ismo, sea éste cual sea, y los/las que no lo son creerán, por supuesto, que las tales son unas resentidas y seguramente, frígidas.  

¿Por qué todo esto?
Pues porque es muy fácil generalizar, porque es más cómodo mantenerse en el grupo asumiendo el dogma sin cuestionarse las cosas.  
Porque, muchas veces, desconocemos a quien tenemos enfrente y no intentamos, siquiera, dar un paso para acercarnos y preguntar. Porque los prejuicios nos molestan cuando nos atañen, no cuando los blandimos contra el otro.
Porque, a muchos, parece que no les dejan mandar en su casa, así que necesitan influir en el club, asociación de vecinos, partido, iglesia o sociedad gastronómica al que pertenecen. El que sea.  La cuestión es que las ideas -las de ellos- queden claras.

Pero, por encima de todo, porque tenemos miedo.  Miedo al abismo que se abriría a nuestros pies si nos permitiéramos sentir o pensar de forma diferente, miedo si descubrimos que los otros no son tan malos como se les pinta, miedo al caos interior o a que, fuera del gueto, no haya tanto caos como nos han dicho.  Miedo, por último, a ser excluidos del grupo, al Ismo que más temen muchos: El ostrac-ismo.

Estamos hablando  del mundo de las ideas, ideales y dogmas.  En la práctica, somos todos paradojas con patas, algo cobardes, cínicos o todo junto.  Vamos, como el que es vegetariano sólo hasta que el jamón es del güeno, que los he visto yo.  
Y es que una cosa es predicar y otra dar trigo.  



domingo, 28 de octubre de 2012

Y se dio cuenta...




"La muerte jugando al ajedrez", mural de Albert Målare, en la Iglesia de Täby, Diócesis de Estocolmo



...de que se había comportado toda su vida como una onanista de la muerte.  Así que tomó una decisión:
Cambiar de amante imaginario.






Camina y no revientes.











Josechiyah



Aprender a decir adiós sintiéndolo como parte -y arte- de la vida.  No como un paso más hacia la muerte, sino como cambio tozudo,  invitación a ir hacia delante.

No importa si te gusta o no, si lo has elegido o te es impuesto.  La realidad es muy tozuda y es indiferente a lo que tú sientes.  No importa si es justo o injusto, porque la historia siempre la escriben los que se creen vencedores.  Así que no te emperres en luchar contra lo que no hay.  Hay lo que hay y ha dejado de haber lo que fue.  O lo que tú crees que fue.

Ya no reconoces a los que consideraste íntimos.  Tienes que admitir de una vez por todas que ellos ya hicieron borrón y cuenta nueva hace tiempo.  Por eso no funcionaban ya los intentos de comunicación y te encontrabas perplejo después de una conversación telefónica, por ejemplo.

No te asomes más a su mundo, no busques, que nada se te ha perdido allí.

También ellos se han perdido algo.  Si tú crees muchas veces que el victimismo -esa cosa de mal gusto, tan poco elegante- ha estado demasiado presente en tu vida, piensa que también ha podido hacer mella en ellos.

Esto es lo que hay.  Ahora, camina y no revientes.

sábado, 20 de octubre de 2012

Sherezade sin nada que contar




A Sherezade se le ahogaron las palabras.

Siempre había sido una cuentista.  O una cuentera.  O...  ¿Cómo decirlo sin estar diciendo al mismo tiempo que era mentirosa?  Porque no lo era, no.  Quizá sea una cuestión de artículo:  No es lo mismo decir "fulanito es un cuentista" que "fulanito es cuentista".

El caso es que Shere siempre había sabido encandilar a quien se le pusiera por delante.  Cuando era pequeña no era muy juguetona.  No en sentido físico.  Ella siempre había jugado con las palabras.  Las juntaba, cambiaba el orden, las repetía con sonsonete, las cantaba...  Tenía una voz bien modulada y lo sabía.

Ella notaba que era escuchada porque, cuando hablaba, los demás no quitaban los ojos de su cara, la seguían en sus gestos y dejaban traslucir sus sentimientos sin darse cuenta de que estaban mostrando su alma ante ella.  Shere también dejaba ir mucho de sí misma mientras contaba lo que contaba, pero nunca dejaba de observarlos a ellos y sus reacciones.  Nunca utilizó su don para mal, no era maquiavélica.  Era capaz de decir barbaridades si se enfadaba, sí, pero cuando uno está enfadado no está para cuentos, eso todo el mundo lo puede entender.


Ese don le sirvió para entretener a niños, enamorar a hombres, conseguir que otras mujeres no la viesen como una amenaza, la ayudó a calmar miedos, dar ánimos y crear seguridad.

Mientras las palabras fluyeron en su justa medida de su cabeza a su boca, pasando por su corazón, todo fue bien.  Eran como un río, a veces caudaloso y lleno de remolinos y saltos, otras veces un riachuelo que se podía cruzar sin peligro.  Pero siempre fluyendo.

Sin embargo, todo cambió cuando vinieron las lluvias.  O los lloros.  En la vida de las personas hay épocas tormentosas que producen muchos daños.  Eso le pasó a Sherezade, la cuentista.  En su cabeza empezaron a acumularse los árboles caídos del dolor, los desechos que dejaron las afrentas no perdonadas, los desaires en forma de trapos a la deriva y el desorden de todo ello hizo que las aguas se enturbiaran, se embarraran,  se acumularan y todo lo anegaran.

Si hubiese podido decir lo que sentía, dejando que se posaran los lodos, sus palabras quizá hubieran sido fáciles de entender, hubiera podido limpiar el fondo del cauce y todo hubiese vuelto a la normalidad.  Pero no.  Ni encontraba las palabras justas ni sus oyentes se habían quedado a ver cómo llovía.  Cada cuál fue a guarecerse del chaparrón como mejor pudo y ella se quedó allí, empapada e impotente.

Ahora, después de que el sol del verano haya secado sus ropas, rebusca entre el barro y en silencio algo de su antiguo saber.  Un poco de agua limpia, quizá, en un cazo que quedó milagrosamente a salvo del desastre, un poco de agua para aclarar la voz.  Después buscará una fuente en la montaña, dejando atrás la zona devastada y sus antiguas historias, se lavará bien y se pondrá en camino.

Sherezade no sabe adónde va.  Deberá aprender otra vez las palabras -no sabe con qué acento- pero confía en que serán pulidas, brillantes y llenas de un significado nuevo.  Volverán entonces a fluir libremente, unas veces formando un ancho caudal y otras un arroyo casi seco, e intentará limpiar el cauce de vez en cuando para que nunca más, nunca, vuelvan a estancarse y ensuciarse las palabras en su cabeza.  Volverán a pasar por su corazón y quién sabe si quizá, alguna vez, un sediento podrá saciar su sed de ser comprendido a través del espejo que son los cuentos y las historias contadas con amor y oficio.

viernes, 10 de agosto de 2012

Qué bueno que viniste.


Cuando el frío, el pariente pesado, el presupuesto para el mes, la ropa que ahora no nos entra, el calor y la perra crisis entran por la puerta de nuestra vida, por las rendijas de nuestras ventanas se escapan la ilusión de los primeros tiempos, el deseo que nos empuja a vivir y las fuerzas para seguir soñando.

Quiero hoy, querida mía, darte las razones por las que quiero seguir caminando a tu lado, codo con codo y a nuestro propio ritmo.  
A lo mejor te parece que no son razones muy trascendentes las que te voy a dar, pero las cosas pequeñas son las que más importan al final.  Por cosas intrascendentes vivimos, morimos y matamos. De manera que tiene, cada una de esas intrascendencias , un peso específico decisivo que hace que cada día te quiera más.
Voy a ello.


Te quiero porque eres muy divertida; nadie me ha hecho reír tanto como tú en toda mi vida.

Te quiero porque eres pelirroja de corazón.

Te quiero porque me gustan tus manos, tan largas y finas.  Me gusta observar cómo las mueves.

Te quiero porque, muy aplicada tú, te arremangas y te metes en faena cada mes para vigilar nuestras cuentas  y que no se vayan por los cerros de Úbeda.

Te quiero porque me haces café por las mañanas.  

Te quiero por ese par de dientes descarriadillos que hacen tu sonrisa tan única y golosa.

Te quiero porque eres una chica muy mayor pero todavía hablas de tu yaya con el cariño y la veneración que te despertaba a los nueve años.

Te quiero porque te admiro intelectualmente.  Poca gente de tu edad tiene tu cultura y sabe tanto de tantas cosas.

Te quiero porque me agradeces que te de comer incluso cuando lo que he cocinado resulte, un día, insulso.

Te quiero porque, a pesar de tener una mala salud de hierro, no permites que el dolor te gane la partida.

Te quiero porque andar con bastón te da un porte -algo inglés- elegante y un tanto extravagante, que me pone mucho.

Te quiero porque te has revelado como la mujer fuerte de la relación.  Eres el báculo en el que puedo apoyarme.

Te quiero porque las piernas te llegan al ombligo.  Eres mi Cyd Charisse particular.

Te quiero porque sabes llevarme bailando.

Te quiero porque quieres bien a aquellas que son el otro eje de mi vida,

Te quiero de frente, de perfil y de espaldas.  Me gusta observarte cuando no te das cuenta para empaparme de ti.

Te quiero cuando me quieres más de lo que me quiero yo.

Te quiero porque me gusta tu olor.

Te quiero porque me has acompañado en momentos muy difíciles de mi vida.

Te quiero porque sentarme a tu lado en el sofá y compartir la manta es hacer hogar.

Te quiero porque planeamos levantar el vuelo en busca de la primavera.

Te quiero porque haberte encontrado es haber llegado, por fin, a casa.

Te quiero de una manera que trasciende mis miedos, mis corazas, mis reticencias antiguas, mis costumbres y mis anteriores convicciones.  
Todo se hizo trizas el día que empecé a quererte y nada ha vuelto a ser igual. 

Mira si eres intrascendentemente trascendental.

Feliz cumpleaños, amor mío.  Qué bueno que viniste.




sábado, 30 de junio de 2012

Mejor me callo












Dino valls



Ante las múltiples opiniones que se excluyen mutuamente
mejor me callo.

Ante la posibilidad de estar siendo injusta
mejor me callo.

Ante la inutilidad de darse a conocer
mejor me callo.

Ante el peligro de ser desleal
mejor me callo.

Ante la imposibilidad de hacerme entender
mejor me callo.

Ante los propios errores por hablar demasiado
mejor me callo.

Ante el dolor que siento y nadie va a comprender
mejor me callo.

Ante la desprotección por haber contado demasiado
mejor me callo.

Ante la alta probabilidad de que se vuelva a liar
mejor me callo.

Ante la frustación de ver que todo se repite como en un mal sueño
mejor me callo.

Porque cuanto menos sepan menos vulnerable de ser herida seré,
cuanto menos abra la boca, menos daño haré.  Porque las palabras son un peligro, porque no soy más que un ser diminuto en un espacio y en un instante mínimos.

¿Qué importancia tiene lo que yo diga, mi opinión o mi sentimiento?
Dentro de unos años nadie se acordará de mi cara, mucho menos de lo que yo decía.  Seré una sombra borrosa.  Ni siquiera ahora hay tanta gente a quien le importe.

Pues ¿para qué tomarse el trabajo de dejar bien clara mi postura?
Llega a ser ridículo si lo piensas un poco.