martes, 5 de octubre de 2010

la sombra de la demencia





Se cierne sobre aquella de quien yo tantas veces había dicho que estaba loca. Ahora, desde hace unas semanas, la expresión que utilizamos es que se puso -se pone a intervalos- como una loca. Es un matiz diferente. Su razón, que siempre fue caprichosa, subjetiva y egocéntrica, parece perderse poco a poco.
La que más razón tenía, la que según ella no era suficientemente tenida en cuenta -cómo no tenerla en cuenta, cuando siempre quiso ser la que más llamaba la atención- parece estar perdiendo la razón.
Aquella que sabía que mentía, en el fondo, ahora cree sus propias mentiras, por más que insiste en que ella no miente, que lo que dice es "el evangelio bendito". Repite insistentemente que lo que ella cuenta es La Realidad, así, en mayúsculas, de forma enfática. Pero ahora se lo cree. Y en esa creencia consiste su posible e incipiente demencia.
Las ganas de estar enferma para ser considerada, en lugar de ser generosa en sus gestos y sus juicios para ser amada, le hacen perder el juicio. Tantas veces gritó que venía el lobo que cuando el lobo ha llegado nos ha costado darnos cuenta de que ahora la cosa era seria.
Es duro ver a la propia madre así, aunque tantas veces hayamos dicho que estaba jugando con fuego con su cuerpo, su mente, su alma.
Yo quiero aprender a cuidarme, para no repetir la misma historia, que es aquello que tanto nos asusta a los hijos en demasiadas ocasiones: Parecernos a nuestros propios padres.

martes, 21 de septiembre de 2010

Aprendiendo a amar una tierra.



La gente había quedado de forma espontánea y fueron miles. Todos con un mismo fin, pero por un sentimiento singular, a la vez.

Para unos despedir a José Antonio Labordeta era reconocer a un hombre que había sido valiente y había defendido a su país, a Aragón, sin complejos tontos, como los que tienen aquellos que temen ser considerados de pueblo por su acento y por los estereotipos de lo que, supuestamente, es un aragonés. Otros fueron a despedir al hombre de izquierdas. Otros más al Abuelo, ese hombre entrañable en su ternura p'adentro, socarrón -somarda lo llaman a eso en esta tierra- y con mal pronto como le pisases el callo. Al hombre de ojos fieros que tanto podía expresar con una mirada.

La noticia, a nosotros, nos pilló en La Campana de loa Perdidos, allí donde los perdidos nos reencontramos. Una llamada de teléfono para decir que había muerto hora y media antes hizo el silencio por un momento e, incluso los que ya pensábamos en irnos, pedimos otra copa, para brindar por él. Cada uno demostró su sentimiento a su manera y todos contamos algo de lo que significaba para nosotros.


Mi cada vez más amigo Guitarrista contó cómo le había acompañado a comprar una guitarra y cómo Labordeta le había ofrecido quedarse con la que había tenido hasta entonces. Guitarrista no lo tomó muy en serio, pero luego comprobó que cuando el hombre daba algo no era de boquilla, era de verdad.

Paloma, con lágrimas en los ojos, contaba cómo había sido maltratada en una manifestación y cómo él, de forma espontánea, la introdujo en una emisora de radio y habló con quien tenía que hablar para que ella pudiera denunciar lo ocurrido. Luego se preguntaba si yo era capaz de entender qué significaba Jose Antonio Labordeta para un aragonés.

Susana no decía nada. Era de las que ya tenía la chaqueta puesta para irse, pero sintió que ese momento era para compartirlo. Seguro que podría contar muchas cosas, pero andaba llorando para adentro, como ayer en la concentración junto a La Aljafería, donde acompañamos al Abuelo y a su familia y nos acompañamos unos a otros.

Elena siguió en su sitio, sirviendo copas,oyendo, viendo y callando, como siempre, pero ella era la que nos había dado la noticia, y ayer, en La Aljafería, donde no habíamos quedado pero nos encontramos, pudo prescindir del hecho de tener que aguantar el tipo detrás de la barra, desde la barrera. Quería involucrarse y ser una más entre tantísima gente.

Los demás, los que estábamos en La Campana la noche en que Labordeta murió, eramos "foranos" como algunos dirían aquí. No somos maños, pero aquí vivo yo y aquí vuelven los otros siempre que pueden. No se entiende. Un paisaje y un paisanaje que pueden parecer tan secos y cómo se hacen de querer al final, cuando te tomas el tiempo de conocerlos.
A mí Labordeta, las miles de personas que ayer cantaban de corazón, sin aspavientos y bajito -con lo que gritan hablando- y la mayoría de la gente que he conocido en este último año y medio de la mano de mi amor, me hacen ir queriendo cada día a esta tierra.
Otro día despotricaré, seguro. Pero es como con los miembros de la familia de una: Un día te los comerías a besos y otros te los comerías a "bocaos", pero son tu familia... Y que no te los toquen.

Entalto Aragón, aunque aún no entienda, en ocasiones, su "somardez".

Y viva Labordeta en nuestra memoria colectiva por siempre.

jueves, 22 de julio de 2010

Vacaciones de blog


No me voy yo, se van las ganas de escribir, por ahora.
Hasta pronto.

martes, 20 de julio de 2010

La burbuja



Sé que hay una burbuja cerca de mí. Una burbuja frágil, porque es muy fina, transparente, pero a la vez extrañamente resistente. Esa resistencia se basa en su elasticidad.
Es como una pompa de jabón. O como una pompa dentro de otra, así como las hacen los magos hábiles que se dedican a este pequeño y efímero arte.

Esta burbuja es lo suficientemente grande como para que yo no sepa si la superficie es cóncava o convexa, si me envuelve o me deja fuera. Sólo sé que, a veces, me aleja de ti.
No sé cuál es el material del que está hecha. Puede ser de protección mal entendida -¿de qué hemos de protegernos, si no hay ánimo de hacer daño por ninguna de ambas partes?-, de dolor antiguo, de rigidez. Puede que esté hecha de táctica -o estrategia- inconsciente por no querer sentir de nuevo la sumisión...
Me pregunto si todo eso se podría resumir en la palabra miedo.

O quizá sea verdad que solo existe en mi imaginación. Pero ¿No es la imaginación tan real como esa pompa que puede explotar y desaparecer en un instante? ¿Quién diría que esa pompa no existió por un momento, dejando una impronta en mi memoria?


Cómo lograr la liberación de la entrega?
¿Cómo ser capaz, además, de traspasar la burbuja del otro?

miércoles, 14 de julio de 2010

Gloria Fuertes: Poeta (que no poetisa) básica y basicota


Nací para poeta o para muerto,

escogí lo difícil

-supervivo de todos los naufragios-,

y sigo con mis versos,

vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,

escogí lo difícil

-hacer reír a los clientes desahuciados-,

y sigo con mis trucos,

sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,

y escogí lo difícil

-no ser apenas nada en el tablado-,

y sigo entre fusiles y pistolas

sin mancharme las manos.

Gloria Fuertes (1917-1998)

Dedicado especialmente, y por diferentes motivos, a Paloma, Marta, Rebeca, Augusto e Ignacio

jueves, 8 de julio de 2010

Vómito



Boca podrida, de ti sólo sale lo malo que llevas dentro. Tu boca es una metáfora de ti misma, es la ventana a la que se asoma tu maldad, toda la podredumbre de tu alma y de tu cuerpo.
Tu cuerpo, que es parábola, no de la mala suerte, sino de la falta de amor hacia los demás y hacia ti misma.

Tu orgullo era que te temieran, no que te amaran; así has ido echando de tu lado a todos los que se han acercado a ti sin otro afán que estar a tu sombra, a tu cobijo. Sólo eso. Pero tienes demasiada mala sombra.
Tu aliento mata, tu presencia enferma y tu influjo es tan dañino que vuelves peor al que está a tu lado. Así, ahora el que a ti se acerca lo hace para llevarse algo. Sea tangible, como un retazo de tu pasado expoliado por tu mano rota, o intangible, como la carnaza que le sueltas para que se distraiga un rato de su propia vida insulsa, aunque sea mentira. Haces la herida y te pones tú la venda.

Tenemos lo que nos merecemos. Así estás tú.

Nota para los asiduos:
Dejadme hoy despotricar. Hago caso omiso del aforismo que dice "No abras la boca si no es para decir algo bueno" y lo hago a conciencia. Me lo pide el cuerpo.


lunes, 5 de julio de 2010

A todas las Wendys que han sido y serán



Mi amiga U.A. sentía necesidad de abrir las ventanas y dejar correr el aire.

Deseaba que un golpe de aire se la llevase lejos. Lejos del peso de las responsabilidades autoimpuestas, del lastre familiar, de la isla interior en la que se sentía náufraga.

Como una pequeña Wendy deseaba volar a Nunca Jamás, pero sus niños, grandes y pequeños, no le dejaban tiempo ni lugar para soñar.

En realidad lo que le gustaría es que la cuidasen a ella. Pero ¿Quién te va a cuidar si no lo pides?

Algún día.