miércoles, 26 de agosto de 2009

Cristina Peri Rossi y los transgresores



Algunos dirán que el mensaje es trasnochado. Que ya, hoy en día, no tiene razón de ser.

Pero yo afirmo que ser mujer, si no encajas en el papel asignado, sigue siendo duro. Y lo mismo ocurre si eres hombre y te sales del guión.
Así que dedico este poema a todos aquellos que van contra viento y marea, a los iconoclastas, los advenedizos, los que no encajan.

Lo importante es que en su puzzle personal encajen todas las piezas.



Condición de mujer (Cristina Peri Rossi)

Soy la advenediza
la que llegó al banquete
cuando los invitados comían
los postres

Se preguntaron
quién osaba interrumpirlos
de dónde era
cómo me atrevía a emplear su lengua

Si era hombre o mujer
qué atributos poseía
se preguntaron por mi estirpe

“Vengo de un pasado ignoto –dije-
de un futuro lejano todavía
Pero en mis profecías hay verdad
elocuencia en mis palabras
¿Iba a ser la elocuencia
atributo sólo de los hombres?”
Hablo la lengua de los conquistadores
es verdad
pero digo lo opuesto de lo que ellos dicen.

Soy la advenediza
la perturbadora
la desordenadora de los sexos
la transgresora

Hablo la lengua de los conquistadores
pero digo lo opuesto de lo que ellos dicen.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Wendy y la burocracia.

En el país de Nunca Jamás no había que hacer papeles.

Yo no recuerdo que Wendy tuviera que empadronarse ni nada por el estilo.
Tampoco había que pensar en buscar casa, pedir créditos ni gestionar hipotecas.  Cuando llegó volando de la mano de Peter Pan no tuvo que pasarse por ninguna ventanilla en la que le dijesen "vuelva usted mañana", ni le preguntaron por su número de la Seguridad Social para que le asignasen médico, ni esas cosas.  De hecho no recuerdo que ninguno de los Niños Perdidos se pusiese enfermo, y si así fuera, seguro que Wendy lo arreglaba contándole un cuento.  
Los Niños Perdidos apenas recordaban nada de su vida pasada.  No tenían pesadillas, creo recordar.  No tener memoria ni noticia de los que les hubiesen hecho daño les ayudaba a ser más felices, por despreocupados.

En el País de Nunca Jamás ni al Capitán Garfio se le hubiese ocurrido la pequeña maldad (léase putada) de dar de baja un teléfono móvil de los que tenía en el mismo contrato con uno de sus piratas diciéndole a la compañía de teléfonos que se lo habían robado, de manera que el pirata en cuestión no pudiese recuperar su número, con las consiguientes molestias, es decir, comunicar el nuevo teléfono a toda entidad o posible futuro puesto de trabajo desde el que quisieran llamar a Wendy.  
Hasta los malvados de los cuentos tienen más clase que los truhanes que las matan callando en la vida real.

Y es que ésto no es un cuento. 
Ni éste es el País de Nunca Jamás.  
Ni yo soy Wendy.

viernes, 14 de agosto de 2009

Rien de rien






Voy a ser feliz.
Voy a morir de vieja siendo feliz.
Hoy es el principio del resto de mi vida.








No, nada de nada
(je ne regrette rien)

No, no me arrepiento de nada
Ni el bien que me han hecho, ni el mal
Todo eso me da lo mismo
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Está pagado, barrido, olvidado
Me da lo mismo el pasado

Con mis recuerdos
Yo prendí el fuego
Mis tristezas, mis placeres
Ya no tengo necesidad de ellos
Barridos mis amores
con sus trémolos
barridos para siempre
Vuelvo a partir de cero

No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Ni el bien que me han hecho, ni el mal
Todo eso me da lo mismo
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Pues mi vida
mis alegrías
hoy
comienzan contigo...

sábado, 8 de agosto de 2009

Fariseos y otras especies


LEHRER LUMPEL
Max und Moritz (W. Busch)










LECCIONES DE URBANIDAD (Joan Manel Serrat)

Cultive buenas maneras
para sus malos ejemplos
si no quiere que sus pares
le señalen con el dedo.

Cubra sus bajos instintos
con una piel de cordero.
El hábito no hace al monje,
pero da el pego.

Muéstrese en público cordial,
atento, considerado,
cortés, cumplido, educado,
solícito y servicial.

Y cuando la cague, haga el favor
de engalanar la boñiga.
Que, admirado, el mundo diga:
"¡Que lindo caga el señor!"

Hágame caso y tome ya
lecciones de urbanidad.

Tenga a mano una sonrisa
cuando atice el varapalo.
Reparta malas noticias
envueltas para regalo.

Dígale al mundo con flores
que va a arrasar el planeta.
Firme sentencias de muerte,
pero con buena letra.

Ponga por testigo a Dios
y mienta convincentemente.
Haga formar a la gente,
pero sin alzar la voz.

Que a simple vista no se ve
el charol de sus entrañas.
Las apariencias engañan
en beneficio de usted.

Cultive buenas maneras
donde esconder sus pecados.
Vista su mona de seda
y compruebe el resultado.

Que usted será lo que sea
- escoria de los mortales -
un perfecto desalmado,
pero con buenos modales.

Insulte con educación,
robe delicadamente,
asesine limpiamente
y time con distinción.

Calumnie pero sin faltar,
traicione con elegancia,
perfume su repugnancia
con exquisita urbanidad.

jueves, 6 de agosto de 2009

Desprenderse o morir(se de pena)






Ayer fue un día triste.
Para mí éste es un tiempo de liberación pero también de renuncias, de ilusión pero de nostalgia, de enriquecimiento y de sensación de pérdida.

Hoy quien me quiere bien me invitó, casi me empujó,aunque sutilmente, al cine.

Yo, cuando estoy triste, huyo de las películas catárticas, esas que te hacen llorar.  Dicen que es bueno, pero yo prefiero la risoterapia.  O mejor, los cuentos con moraleja vitalista.  Llamadme ñoña.

Así que fuimos a ver Up, la película de animación de Pixar.

No la destriparé, aunque sea una película obvia, con un final lógico.  La moraleja:

Hay que soltar lastre, dejar atrás las cosas que nos atan al pasado y abrirse a la nueva realidad.
Los recuerdos buenos se llevan en el corazón.  De los malos es mejor aprender para no repetir la historia y dejarlos atrás.  Ser capaces de perdonar y, lo más difícil, perdonarse uno mismo.

Al salir del cine, al volver a casa, pudimos ver la luna.  La luna llena, con su magia.  Soy lunática, qué le vamos a hacer.  Nos desviamos un poco de nuestro camino para poder verla mejor.

Noche perfecta.  Nueva esperanza.

Gracias, P.

domingo, 2 de agosto de 2009

No lo supe hacer mejor

Tres hermanas
Hal Marcus



No lo supe hacer mejor.  La penitencia por haberme salido del tiesto es el silencio.   Es peor que el insulto.  La peor de las armas en mi contra.  
Supongo que es más fácil para todos llamarlo protección.
El tiempo  es buen consejero.  Eso espero.

Os quiero.



Sin consuelo alguno te sigo queriendo cada amanecer
como sombra voy caminando a solas con mi soledad.
Mis ojos padecen al mirar la casa donde ya no estás.
Corazón transido que me mancha el pecho y me hace sollozar.


Con un leve vuelo de mí te apartaste pequeña torcaz.
Porque no querías que te acariciase el pelo y la piel.
Regresa, te pido, a darme consuelo como sabes tú.
Alivia esta pena que me estruja el alma, Che pykasumi.

Joan Manuel Serrat





miércoles, 29 de julio de 2009

Eso no era vida

F. entró en este mundo con mal pie.

Su primer viaje fue en taxi, porque en un taxi nació.   Una comadrona cansada después de un largo día de trabajo le administró a la Señora Madre, la que lo había de parir, algo para que aligerase, y no dio tiempo a llegar a la pequeña clínica donde debiera haber nacido.

Algo en ese rato dañó su cerebro lo suficiente para que no entrase en el grupo de los llamados normales -sean éstos lo que sean- pero no lo bastante como para hacerlo un infeliz, justo aquellos que suelen ser los más felices, porque no se enteran.  Él tenía un problema, pero lo peor es que lo sabía.  Era consciente de ello.  Y eso sí lo hacía desgraciado.

No.  No era eso lo peor.   Conozco a otros como él.  Si han dado con padres o tutores que quieran su bien les han educado para ser  (en lo posible) autónomos, responsables, con buena autoestima y capaces de amar.  Pero ese no fue su caso.

Fue sobreprotegido y mal educado.  Y la Gran Castradora hizo de él su complemento.   Lo apartó de los demás para que creyese que ella, y sólo ella, lo quería.  Después, como a la señora le iba la marcha, reprodujo en su relación el patrón que había seguido con el padre de él, y así podía repetir su frase preferida en aquellos años:  "Es como un marido malo".  Malo según ella, claro. 
F. nunca vivió en pareja, sino con la madre que lo parió y lo moldeó a su capricho.

Así, su vida fue cada vez más triste.  Posiblemente eso es lo que hizo que se suicidara lentamente.  A fuerza de comida y tabaco.  
Lento pero seguro.

La Doña pasó a hacerlo aún más dependiente a medida que su salud se iba deteriorando, y lo convirtió en un gigantesco y algo ridículo bebé.  De esa manera pasó ella a jugar a las casitas con lo que quedaba de la persona que había intentado años atrás resistirse a su telaraña de araña viuda para al final claudicar.  

Por eso F. terminó dimitiendo de la vida. 
Su madre hizo que pusieran en sus manos, en el féretro, un muñeco de peluche.  No le dejó ser hombre ni en el momento solemne de la muerte, a pesar de que dispuso que lo vistiesen con su traje de americana a rayas.

Ella que, conociéndola, debía tener la ropa cuidadosamente escogida y preparada desde hace tiempo, apareció en el funeral con un moño estudiado y sus mejores galas:  Negras, pero de estilo ibicenco, y con un chalequito blanco que ella misma había llenado de abalorios.  Arreglá pero informal. Era su momento de gloria, aquel por el que había hecho todos los esfuerzos que se supone deben hacer las madres.

F. era mi hermano.  
Murió el pasado día 23 de julio a los 45 años, de cáncer de pulmón y de desesperanza.

Ahora sí descansa en paz.